El porvenir

Puede que ya sea tarde
cuando llegues,
cuando te vea aproximarte
lentamente
desde allá donde aparezcas
-siempre lejos-
esperándote yo en la ventana
o aullando sobre los restos.

Y espero no sorprenderme
cuando llegues,
ni esperar a que seas tú
quien diga la primera palabra
o me sostengas la mirada
con esa indiferencia
que te ciñe, te abrevia
y te ensalza.

Prometo merecerte como nadie
cuando llegues,
recibirte con mis venas abiertas,
con el frío y la espera
derramándose
para acogerte con espacio
suficiente.

Pero seguro
que dolerás tantísimo
cuando llegues
y me arrastres
sobre las astillas y los cristales
que han ido amontonándose.
Cuando llegues
y nos encontremos
y sea ya
casi de noche.

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